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sábado, 30 de marzo de 2019

Rel1 B2.1 Historia de Israel I: Dios elige a Abraham, Isaac y Jacob

1.- Introducción. La revelación progresiva de Dios.
Esquema: 
La revelación progresiva de Dios en la Historia: La Historia de la Salvación. 


2.- Los Patriarcas de Israel.
2.1.- Abraham e Isaac.

Vídeos: Abraham (versión con personajes reales)






Vídeos: Abraham (versión animación)






Copiar el Esquema: 
El sacrificio de Isaac.


2.2.- Jacob y José de Egipto.

Película: "José, rey de los sueños". Reproducir desde el principio.

domingo, 3 de febrero de 2019

Rel1 B2.2 Historia de Israel II: Dios elige a un pueblo

2.3.- Moisés.
Por el siglo XIV antes de Cristo, de entre todos los hebreos Dios escogió a Moisés, de la tribu de Leví.

Dios permitirá que los acontecimientos saquen a Moisés de la corte del Faraón en la que se crió y haciéndose presente en una zarza ardiente le comunicó que debería liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto. Así, guiado por Moisés el pueblo celebró la primera Pascua, fue liberado, y caminaron por el desierto durante 40 años hasta llegar a la Tierra Prometida.

En el monte Sinaí, Dios le entregó a Moisés los 10 Mandamientos, con los que se sellaba la Alianza de Dios con los israelitas: "Vosotros seréis mi Pueblo y Yo seré vuestro Dios".



Al llegar a la Tierra Prometida, los israelitas la encontraron ocupada. Dios eligió a Josué como sucesor de Moisés, y lo puso al frente del pueblo. Después de muchos años de luchas se logró la conquista.

Cuando los hebreos se asentaron en la Tierra Prometida, distribuyeron el territorio en 12 partes, una para cada tribu (aunque la de Leví no recibió tierra por estar al servicio del culto a Dios, así que la de José quedó dividida en dos nuevas tribus que tendrían su propia porción de la Tierra Prometida: la de Efraim, y la de Manasés). En cada tribu eligieron Jueces para gobernarlos y administrar justicia.




3.- La época de los Reyes y Profetas.
Con el tiempo, los hebreos quisieron tener un rey que los gobernara a todos y Dios les eligió a Saúl. Durante todo este período, los profetas fueron los encargados de transmitir los mensajes divinos.

Los reyes hebreos son signo de que Dios es un rey justo y fiel a sus promesas. Sin embargo, con el tiempo, los intereses de los reyes irán pervirtiéndose al buscar toda su felicidad en la riqueza y el poder, instaurando un período de injusticias hacia el pueblo, especialmente hacia los pobres. Los profetas advertirán de este hecho y por eso serán perseguidos y odiados por los soberanos y también por su pueblo que los veía como portadores de catástrofes y desgracias sobre ellos.


Saúl fue el primer rey de los hebreos; fue sucedido por David, el gran rey de Israel que logró unificar toda la nación. David fue sucedido por su hijo, Salomón, que fue el rey que construyó el gran templo de Jerusalén. 

Pero a la muerte de Salomón, Israel se dividió en dos: el reino del norte (Israel), y el reino del sur (Judá). Como consecuencia de esta división, los reinos quedaron empobrecidos y a merced de los grandes imperios vecinos.

Entonces aparecieron los grandes profetas que invitaban a la conversión. El reino de Israel (al norte) terminó siendo destruido y arrasado por los asirios, y todos los israelitas fueron deportados a Nínive. Luego, el Reino de Judá (al sur) fue invadido y destruido por el imperio de Babilonia, y allí deportados todos los judíos.


Después de muchos años de destierro los judíos de Babilonia pudieron volver a su tierra, pero ya no como una nación independiente, sino como una provincia del imperio persa. 



4.- La confianza en las promesas de Dios: la espera del Mesías.
Las invasiones sufridas y el permanente sometimiento a otras potencias hace al pueblo hebreo infeliz. Su fe comienza a alimentar la esperanza de que un día llegará el Mesías como salvador definitivo.

Con mucha dedicación y esfuerzo, conducidos por Nehemías y Esdras, los judíos trabajaron en la reconstrucción de la ciudad y del Templo, y los sacerdotes pudieron volver a leer los “Libros de la Ley”.

En el siglo IV antes de Cristo, Alejandro Magno derrotó al imperio persa y todos sus territorios pasaron a estar en poder de los griegos, incluidos los que habitaban los hebreos. Los judíos soportaron la nueva dominación, pero se opusieron con fuerza a las costumbres religiosas que los griegos querían imponerles y aparecieron figuras fuertes como Judas Macabeo.

Tiempo después los romanos arrebataron a los griegos sus dominios y construyeron un imperio que se extendió prácticamente a lo largo de todo el mundo occidental conocido hasta entonces. El general Pompeyo fue quien conquistó Jerusalén y destruyó el Templo como forma de someter y dominar al pueblo judío (el Templo luego sería nuevamente reconstruido).


En este contexto, en el tiempo previsto por Dios desde el comienzo de la Creación, Jesús nace como cumplimiento de todas las promesas. Dios mismo entra en la historia haciéndose hombre en la persona de Jesús de Nazaret. Sin embargo, será rechazado por la mayor parte de su pueblo porque no resulta ser como el Mesías que ellos esperaban. Tampoco a los soberanos les gustaban sus mensajes. 

Con la muerte de Jesús en la cruz se produce el distanciamiento más grande posible entre Dios y su pueblo. Pero su resurrección salva definitivamente al hombre.

Bajo el imperio romano se produjo el gran acontecimiento de la Historia de la Salvación: el Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador. Dios envió a su Hijo, y con Jesús ingresó la salvación en el mundo.

Fuentes:

jueves, 26 de octubre de 2017

Todos los Santos


«Esta fiesta (de Todos los Santos) nos recuerda que no estamos solos; Dios mismo nos acompaña con esa multitud incontable de hombres como nosotros que caminan a nuestro lado como peregrinos hacia la patria definitiva; que estamos inmersos en una muchedumbre incontable de testigos, con los que formamos un solo cuerpo. Esta muchedumbre de santos nos estimula a mantener nuestra mirada fija en la meta y en las promesas que nos abren a la gran esperanza, la del cielo».
Cardenal Cañizares.

martes, 24 de octubre de 2017

Rel1 B1.1 Dios en los acontecimientos

Sesión 1: La asignatura de Religión.


Hillsong United: Mi roca



Hermana Glenda: Jesús me amó y se entregó por mí




Sesión 2: Organizamos los equipos de trabajo. 


Sesiones 3 y 4: Visita al Santísimo.


Objetivos.
  • Introducirles en la presencia real de Jesús en el Sagrario. 
  • Introducirles en la oración. 
  • Presentarles la posibilidad de rezar todos los jueves al mediodía en la Capilla de la Comunión. 
Acción.
  • Les enseño a hacer la señal de la cruz y explico su significado.


  • Preparamos en clase las canciones que vamos a utilizar durante la adoración ("Si aún no lo ves" y "Jesús, ¿quién eres tú?").
  • Preparamos el ambiente haciéndoles conscientes de la importancia del lugar que vamos a visitar. 
  • Nos dirigimos en silencio a la capilla. 
  • Antes de entrar en ella, recordamos la importancia de estar en silencio. Luego, van entrando uno a uno y les voy explicando cómo han de hacer la genuflexión y les invito a saludar a Jesús desde el corazón.
  • Iniciamos la adoración con el canto "Si aún no lo ves".
  • Hablamos a Jesús desde el corazón, al principio de forma guiada, repitiendo en silencio pequeñas frases que les voy diciendo. Luego tienen un momento para hablar ellos solos y escuchar a Jesús desde el silencio del corazón.
  • Acabamos cantando "Jesús, ¿quién eres tú?". 
Trabajo.
Sesión 5: La Virgen del Pilar (12 de octubre)




La Iglesia hace presente a Dios en el mundo




lunes, 19 de septiembre de 2016

Rel1 B4 Los Sacramentos: La Confirmación


La Confirmación es uno de los Sacramentos de la Iniciación a la Vida Cristiana, en el que somos llamados a ser otro Cristo, viviendo nuestra vida con Él y como Él.

Quien recibe el Sacramento de la Confirmación es ungido con el santo Crisma que imprime en el confirmando el sello espiritual. La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (Dt 11, 14) y de alegría (Sal 23, 5; Sal 104,15); purifica (los antiguos se daban una unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (Is 1, 6; Lc 10, 34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.

Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el Óleo de los Catecúmenos significa purificación y fortaleza; la Unción de los Enfermos expresa curación y consuelo. La unción del Santo Crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración.

Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda “el buen olor de Cristo” (2Co 2, 15). Por medio de esta unción, el confirmando recibe “la marca”, el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (Gn 38, 18; Ct 8, 9), signo de su autoridad (Gn 41, 42), de su propiedad sobre un objeto (Dt 32, 34) —por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor—; autentifica un acto jurídico (1R 21, 8) o un documento (Jr 32, 10).

En la Confirmación el rito es muy sencillo, básicamente es igual a lo que hacían los apóstoles, aunque se le han añadido algunos elementos para que sea más entendible.

El rito esencial es la unción con el santo crisma, unida a la imposición de manos del ministro y las palabras que se pronuncian. La celebración de este sacramento comienza con la renovación de las promesas bautismales y la profesión de fe de los confirmados, haciendo ver que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo. (Cfr. SC 71; Catec. n. 1298). El ministro extiende las manos sobre los confirmados como signo del Espíritu Santo e invoca la efusión del Espíritu Santo. Sigue el rito esencial con la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano y pronunciando las palabras que establece el ritual. La celebración del sacramento termina con el beso de paz, que representa la unión del Obispo con los fieles. (Catec. no.1304).

Signos y símbolos de la Confirmación
  • Imposición de las manos.
  • Crismación.
Imposición de las manos sobre los confirmandos.

La imposición de las manos es uno de los gestos más repetidos en la Biblia y en la liturgia sacramental cristiana para significar la transmisión de poderes, la bendición, el perdón o la identificación de una persona. Su sentido queda concretado por las palabras que acompañan al signo en cada caso. «Yo te absuelvo de tus pecados» en el Sacramento de la Penitencia. «Te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor», en la Plegaria Eucarística. «...Escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito», en el sacramento de la Confirmación.

Jesús bendice, cura y perdona con el expresivo gesto de la imposición de los manos. La comunidad cristiana lo utiliza para transmitir el Espíritu Santo sobre los bautizados.

En el sacramento de la Confirmación, por la imposición de las manos sobre los confirmandos, hecha por el Obispo y, en su caso, por aquellos sacerdotes que van a ayudar al Obispo en la administración de la confirmación, se actualiza el gesto bíblico, con el que se invoca el don del Espíritu Santo. En la oración que acompaña a esta primera imposición de las manos se pide a «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo» para estos confirmandos «que regeneraste por el agua y el Espíritu Santo» (alusión al Bautismo) el Espíritu Santo Paráclito, con el espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, y finalmente, «cólmalos del espíritu de tu santo temor». Y la segunda imposición de la mano se hace con la unción del crisma.

Unas manos extendidas hacia una persona y unas palabras que oran. Las manos elevadas, apuntando al don divino, y a la vez mantenidas sobre una persona, expresando la aplicación y atribución del don divino a estas criaturas. Por una parte, invocamos humildemente la fuerza de Dios, de quien dependemos, la fuerza del Espíritu Santo. Por otra parte, nos damos cuenta de que los dones de Dios nos vienen en la Iglesia y por la Iglesia.

La Iglesia es siempre el lugar donde florece el Espíritu. La mano poderosa de Dios que bendice, consagra o inviste de autoridad, es representada sacramentalmente por la mano del ministro de la Iglesia, extendida con humildad y confianza en este caso sobre los confirmandos. Cuando el ministro realiza este gesto simbólico de la imposición de las manos, se convierte en instrumento de la transmisión misteriosa de la salvación de Dios. Y cuando los confirmandos ven realizada sobre ellos esta acción simbólica, además de alegrarse se sienten interpelados, porque se están asegurando la cercanía de Dios, y que el Espíritu Santo sigue actuando en todo momento como «Señor y dador de vida».

Santo Crisma. Crismación.

Los óleos son ungüentos aromáticos, mezcla de aceite y bálsamo oloroso con los que, desde la antigüedad, se ungía como signo de predilección o se daban masajes.

En el Antiguo Testamento se empleaba la unción para expresar la fuerza que Dios comunicaba a las personas que empezaban una misión para su pueblo: los reyes, como David, los sacerdotes, como Aarón, los profetas, como Eliseo.

Pero el verdadero Ungido es Jesús de Nazaret. Él ha recibido la misión de Mesías, y por eso recibe la unción del Espíritu Santo. Después, los creyentes en Cristo recibimos también la unción del Espíritu a través del sacramento de la Confirmación.

El Santo Crisma lo consagra el Obispo rodeado de su presbiterio en la Misa Crismal. «Te pedimos, Señor, que te dignas santificar con tu bendición este óleo y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo, de cuyo nombre le viene a este óleo el nombre de crisma, infundas en él la fuerza del Espíritu Santo con la que ungiste a sacerdotes, reyes, profetas y mártires y hagas que este crisma sea sacramento de la plenitud de la vida cristiana para todos los que van a ser renovados por el baño espiritual del bautismo. Haz que los consagrados por esta unción, libres del pecado en que nacieron, y convertidos en templo de tu divina presencia, exhalen el perfume de una vida santa; que, fieles al sentido de la unción, vivan según su condición de reyes, sacerdotes y profetas, y que este óleo sea para cuantos renazcan del agua y del Espíritu Santo, crisma de salvación y les haga partícipes de la vida eterna y herederos de la gloria celestial».

En la celebración del Bautismo, después de la inmersión o efusión del agua, el celebrante unge con el crisma la coronilla del bautizado, significando su incorporación al sacerdocio de Cristo. «Dios todopoderoso,... te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey».

El sacramento de la Confirmación se confiere mediante la unción del crisma en la frente, que se hace con la imposición de la mano, y mediante las palabras «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». En Oriente este sacramento se llama «Crismación».
"La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de la consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda «el buen olor de Cristo». Por medio de esta unción, el confirmando recibe «la marca», el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona, signo de su autoridad, de su propiedad sobre un objeto, por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor. Autentifica un acto jurídico o un documento y lo hace, si es preciso, secreto. Cristo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano también está marcado con un sello: «Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones» (2Co 1,22). Este sello del Espíritu, marca de la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, indica también la promesa de la protección divina en la prueba escatológica»".
Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1294-1296.

«Ser crismado es lo mismo que ser crista, ser mesías, ser ungido. Y ser mesías y ser crista comporta la misma misión que el Señor: dar testimonio de la verdad y ser, por el buen olor de las buenas obras, fermento de santidad en el mundo» (Monición antes de la crismación).

"Tenemos finalmente el más noble de los óleos eclesiales, el crisma, una mezcla de aceite de oliva y de perfumes vegetales. Es el óleo de la unción sacerdotal y regia, unción que enlaza con las grandes tradiciones de las unciones del Antiguo Testamento. En la Iglesia, este óleo sirve sobre todo para la unción en la Confirmación y en las sagradas Órdenes.

La liturgia de hoy vincula con este óleo las palabras de promesa del profeta Isaías: “Vosotros os llamaréis ‘sacerdotes del Señor’, dirán de vosotros: ‘Ministros de nuestro Dios’” (61, 6). El profeta retoma con esto la gran palabra de tarea y de promesa que Dios había dirigido a Israel en el Sinaí: “Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19, 6). En el mundo entero y para todo él, que en gran parte no conocía a Dios, Israel debía ser como un santuario de Dios para la totalidad, debía ejercitar una función sacerdotal para el mundo. Debía llevar el mundo hacia Dios, abrirlo a Él. 

San Pedro, en su gran catequesis bautismal, ha aplicado dicho privilegio y cometido de Israel a toda la comunidad de los bautizados, proclamando: “Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos. ahora sois objeto de compasión.” (1P 2, 9-10). El Bautismo y la Confirmación constituyen el ingreso en el Pueblo de Dios, que abraza todo el mundo; la unción en el Bautismo y en la Confirmación es una unción que introduce en ese ministerio sacerdotal para la humanidad. 

Los cristianos son un pueblo sacerdotal para el mundo. Deberían hacer visible en el mundo al Dios vivo, testimoniarlo y llevarle a Él. Cuando hablamos de nuestra tarea común, como bautizados, no hay razón para alardear. Eso es más bien una cuestión que nos alegra y, al mismo tiempo, nos inquieta: ¿Somos verdaderamente el santuario de Dios en el mundo y para el mundo? ¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? Nosotros –el Pueblo de Dios– ¿acaso no nos hemos convertido en un pueblo de incredulidad y de lejanía de Dios? ¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo? 

Tenemos motivos para gritar en esta hora a Dios: “No permitas que nos convirtamos en no-pueblo. Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu amor, has infundido tu Espíritu Santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría.

No obstante toda la vergüenza por nuestros errores, no debemos olvidar que también hoy existen ejemplos luminosos de fe; que también hoy hay personas que, mediante su fe y su amor, dan esperanza al mundo. Cuando sea beatificado, el próximo uno de mayo, el Papa Juan Pablo II, pensaremos en él llenos de gratitud como un gran testigo de Dios y de Jesucristo en nuestro tiempo, como un hombre lleno del Espíritu Santo. Junto a él pensemos al gran número de aquellos que él ha beatificado y canonizado, y que nos dan la certeza de que también hoy la promesa de Dios y su encomienda no caen en saco roto". 

Benedicto XVI, Homilía en la Misa Crismal, 21 de abril de 2011. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Rel1 B1.2 Nuestra Fe y la Creación: desmintiendo algunos mitos


Nuestra Fe y la Creación. Desmintiendo algunos mitos.
  • ¿Sabías que...? El primero en proponer la teoría del Big Bang (la Gran Explosión) para explicar el origen del universo fue el sacerdote jesuita y matemático Georges Lemaître y no, como creen muchos, el físico Georg Gamov. A su teoría la denominó Hipótesis del Átomo Primitivo.
La Iglesia nunca dijo que la Tierra fuese plana.

Este bulo se creó entre un historiador, ¡y un novelista!

La idea de un mundo plano era mantenida por gente inculta, no por los sabios que investigaban sobre la realidad que les rodeaba. Suponer que la Tierra era plana era una idea extendida entre los marineros del norte de Europa, que a su vez la habían heredado de la cultura y mitología vikingas, de los pueblos escandinavos. Pero entre las clases cultas de toda Europa, prevalecía la imagen de la esfera.

Ya los sabios antiguos y los medievales creían que la Tierra era esférica. Lo había dicho Aristóteles en el siglo IV a.C. y tampoco había ningún texto en la Biblia que lo pusiera en duda. 

Una de las discusiones que existían sobre este tema era sobre si esa tierra esférica estaba poblada en su mitad inferior, e incluso si estuviera poblada, se dudaba si esas regiones podían ser accesibles… ya que el norte era inhabitablemente frío, cabía pensar que el sur también fuese inhabitablemente cálido, que los hombres muriesen de calor al viajar al ecuador igual que morían de frío en el norte.

Estas dudas se mantuvieron hasta que los portugueses comprobaron que era posible cruzar los trópicos y rodear África por el sur en el año 1434. Se inició así la era de los grandes descubrimientos (s. XV en adelante); Aristóteles tenía razón y la navegación moderna lo demostraba. 

El caso es que en la época de Colón las personas cultas tenían claro que la Tierra era esférica y los trópicos navegables. No estaban claras, en cambio, sus dimensiones ni la posibilidad de navegar hacia Asia por un Océano Atlántico poco conocido. La verdad es que Colón obtuvo el permiso y el dinero para organizar la expedición que dio lugar al descubrimiento de América.
“Llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron gente desnuda. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde que llevaba el Almirante en todos los navíos, con una F y una Y. Vieron árboles muy verdes, y aguas muchas y frutas de diversas maneras”.
Del Diario de a Bordo de Cristóbal Colón.



Sin embargo, todavía hoy se suele presentar a Cristóbal Colón como un firme e ilustrado científico que se encuentra con la hostilidad de fanáticos religiosos y clérigos medievales que no le dejan navegar repitiendo que la Tierra es plana. Cosa totalmente alejada de la realidad.

Sin embargo, el bulo fue tan incondicionalmente creído y propagado que sólo en época reciente, acabada la Segunda Guerra Mundial, se ha ido reparando este error entre los historiadores, aunque no entre los divulgadores. 

martes, 25 de agosto de 2015

Rel1 B1.2 La Creación


1.- La Creación vista desde la Ciencia.
  • ¿Sabías que...? El primero en proponer la teoría del Big Bang (la Gran Explosión) para explicar el origen del universo fue el sacerdote jesuita y matemático Georges Lemaître y no, como creen muchos, el físico Georg Gamov. A su teoría la denominó Hipótesis del Átomo Primitivo.

  • ¿Sabías que...? Viajamos por el espacio en una astronave, la Tierra, a una velocidad que supera los 100.000 km/h. ¿A que resulta increíble que no nos "estampemos" contra nada?
Reproducir bajando la velocidad a 0.75


2.- Dios es Creador.

Lectura [Gn 1, 1-25]
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas" (Génesis 1, 1-2).

El primer capitulo del libro del Génesis nos narra la creación de luz, cielo, tierra, aguas, animales de toda especie y todo ser viviente en la faz de la tierra en un marco de siete días:
"Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero" (Génesis 1, 3-5).
"Y dijo Dios: «Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas». E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento. Y así fue. Llamó Dios al firmamento «cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo" (Génesis 1, 6-8).
"Dijo Dios: «Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco». Y así fue. Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar». Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: «Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra». Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero" (Génesis 1, 9-13).
"Dijo Dios: «Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra». Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto" (Génesis 1, 14-19).
"Dijo Dios: «Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo». Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Luego los bendijo Dios, diciendo: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto" (Génesis 1, 20-23).
"Dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies». Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. 
Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. 
Dios los bendijo; y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».

Y dijo Dios: «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira». Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto"
 (Génesis 1, 24-31).
"Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo. Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó.

Esta es la historia del cielo y de la tierra cuando fueron creados" (Génesis 2, 1-4).
Vídeos: La Creación.



Otras actividades posibles:Actividad 1: Reflexión compartida. Actividad 2: Hacer una tabla con los siete días de la creación.Actividad 3: Diseñar cartas (Creación y días de la semana). Volveremos a utilizarlas más adelante.Actividad 4: Realiza un collage sobre la creación en un folio A4, a partir de imágenes de revistas o descargadas de Internet.
La Creación según la Biblia.
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas" (Génesis 1, 1-2). 
"Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Pasó una tarde, y pasó una mañana" (Génesis 1, 31a).
«¡Tú eres el único Señor! Tú hiciste el cielo, el cielo de los cielos y todas sus estrellas, la tierra y todo cuanto hay en ella, los mares y todo lo que contienen. Tú das la vida a todo y todos los astros del cielo te adoran» (Nehemías 9, 6).
  • Salmo 104, 24-25
  • Salmo 33, 5
  • Salmo 19, 1
  • Salmo 96, 11-12
  • Isaías 45, 18
  • Salmo 135, 6
  • Salmo 145, 9
  • Job 41, 11
  • Carta de San Pablo a los Efesios 2, 10
  • Apocalipsis 4, 11


Toda la Creación es en sí misma un cántico de alabanza a nuestro Dios, como dice el Salmo 148.
Salmo 148

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes
y aguas que cuelgan en el cielo.
Alaben el nombre del Señor, porque él lo mandó, y existieron. Les dió consistencia perpetua y una ley que no pasará.
Alabad al Señor en la tierra, cetáceos y abismos del mar, rayos, granizo, nieve y bruma, viento huracanado que cumple sus órdenes,
montes y todas las sierras,árboles frutales y cedros, fieras y animales domésticos, reptiles y pájaros que vuelan.
Reyes y pueblos del orbe, príncipes y jefes del mundo, los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños,
alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime. Su majestad sobre el cielo y la tierra; él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.
Canción: Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor. 


3.- Dios crea al Ser Humano.
Canción.
De barro - Enrique Guzmán  
Con solo barro los formó
en la Creación perfecta.
Con sus dos manos los modeló,
les dió la forma correcta
y así fue que la Creación
llego a su culminación.
Ha creado a un hombre 
y por compañera una mujer, uouoh, uouoh, una mujer.

Con solo barro los formó, oh el gran maestro
de perfección su obra plasmó,
volvió su amor al nuestro.
Y de noche le agradeceré, y de día también lo haré
¡Qué grandioso que es!! Y con sólo barro nos formó...
Déjame decirte qué pasó: 
ha creado, ha creado a una mujer, uouoh, uouoh, una mujer...

A aquel barro la vida, el alma, el amor le dió;
un mundo entero les construyó,
no hay temor a qué pasará
sé que Él por mí vendrá
y así fue que la Creación
llegó a su culminación.
Ha creado a un hombre
y por compañera una mujer, uouoh, uouoh una mujer... 



4.- Nuestra responsabilidad en la Creación.





La dignidad de la persona humana (Doctrina Social de la Iglesia).


desaprender_guerra_web
"Desaprender la guerra" es otra de esas maravillosas canciones de Luis Guitarra. Con ella se pueden trabajar aspectos de la Doctrina Social de la Iglesia como el concepto de paz, la promoción de este valor, o la relación entre justicia y paz. En la ficha se remite a varios pasajes del Compendio de DSI en los que podemos encontrar "sintonías" con la letra de la canción.

En la web de Luis Guitarra se puede adquirir un material didáctico amplio y muy cuidado para trabajar la canción, y un espacio para compartir experiencias didácticas a partir del videoclip oficial:

DESAPRENDER LA GUERRA

Desaprender la guerra, realimentar la risa,
deshilachar los miedos, curarse las heridas.
Difuminar fronteras, rehuir de la codicia,
anteponer lo ajeno, negarse a las consignas.
Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.
Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.
Rehabilitar los sueños, penalizar las prisas,
indemnizar al alma, sumarse a la alegría. 
Humanizar los credos, purificar la brisa,
adecentar la Tierra, reinaugurar la Vida.
Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.
Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.
Desaprender la guerra, curarse las heridas.
Desaprender la guerra, negarse a las consignas.
Desaprender la guerra, rodearse de caricias.
Desaprender la guerra, rendirse a la Justicia.
Desaprender la guerra, sumarse a la alegría.
Desaprender la guerra, reinaugurar la Vida.


¿Sabías que...?
  • Viajamos por el espacio en una astronave, la Tierra, a una velocidad de 107.219 km/h. ¿A que resulta increíble que no nos "estampemos" contra nada?
1.2.- Hombre y mujer, imagen de Dios.
Sesión 4
Lectura [Gn 1, 26-2, 3]
Act 1.2 A medida que se va leyendo el texto se van apuntando las palabras que para ellos están definiendo al ser humano. Después las comentaremos.


Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 64.- ¿Por qué ha creado Dios al hombre como varón y mujer?
Dios, que es amor y el prototipo de comunión, ha creado al hombre como varón y mujer para que conjuntamente sean imagen de su esencia. [369-373, 383]
Dios ha hecho al hombre de modo que sea varón o mujer y anhele la plenitud y La totalidad en el encuentro con el otro sexo. Los hombres y las mujeres tienen absolutamente la misma dignidad, pero expresan en el desarrollo creativo de su ser varón o mujer diferentes aspectos de la perfección de Dios. Dios no es varón ni mujer, pero se ha revelado como padre (Le 6,36) y como madre (Is 66,13). En el amor del varón y la mujer, especialmente en la comunión del matrimonio, donde varón y mujer se hacen «una sola carne» (Gen 2,24), los hombres pueden intuir algo de la felicidad de la unión con Dios, en la que cada hombre encuentra su plenitud definitiva. Así como el amor de Dios es fiel, también el amor del varón y la mujer busca ser fiel; y este amor es creador al modo de Dios, porque del matrimonio brota nueva vida. 








Ampliación.

¿Cómo tuvieron descendientes Adán y Eva? ¿Mediante relaciones incestuosas? 
Responde Filippo Belli, profesor de Teología bíblica en la Facultad Teológica de Italia Central y otros autores.

La Biblia no explica cómo se desarrolló la descendencia de Adán y Eva. Sabemos que Adán y Eva tuvieron muchos hijos (Génesis 5, 4), los primeros Caín y Abel (Génesis 4, 1-2) y conocemos también el hecho del fratricidio (Génesis 4, 3-16) que llevó a una descendencia de Caín (malvada e irreligiosa; Génesis 4, 17-24) separada de la descendencia de Set (buena y religiosa; Génesis 5, 6-32), el hijo “elegido” por Dios (Génesis 4, 25-26 y 5, 3-4) para sustituir a Abel, del que después se llegará hasta Noé y el diluvio.

¿Cómo se engendró esta descendencia? Ha habido muchas hipótesis variopintas, y todas se encuentran con el problema del incesto (relaciones sexuales entre hermanos), fruto de una interpretación literal de la Biblia. Afortunadamente, los dos últimos siglos de estudios de la Biblia nos permiten comprender algunas cosas sobre ella que ayudan a resolver dificultades como esta.

Sobre cómo se produjo la descendencia de Adán y Eva, hay que decir dos cosas:
A1.- Sobre el género literario empleado.
El género literario utilizado en los primeros capítulos del Génesis (Gn 1-11) no permite considerar la narración como una historia real. No podemos pretender que estos capítulos sean la crónica de los primeros años de la historia humana. Su redacción escrita, procedente de fuentes orales, tuvo lugar alrededor de los siglos VI-V a.C. La intención de los autores no era hacer historia, sino contar verdades fundamentales para la relación del hombre con Dios.
Pero el género literario tampoco corresponde a una mitología, aunque utilice un lenguaje mítico. Lo explicaba así San Juan Pablo II: «El término “mito” no designa un contenido fabuloso, sino simplemente un modo arcaico de expresar un contenido más profundo» (Catequesis del 7/11/1979). La comparación más clara podríamos hacerla con las parábolas de Jesús: utilizan un lenguaje que recuerda al de los "cuentos" y no son relatos históricos, sin embargo, expresan de un modo magistral cuál es la verdad de las cosas, y la enseñanza que Jesús quería transmitir a la humanidad.
En los primeros capítulos del Génesis sucede lo mismo: son textos que proclaman la relación particular que Dios mantiene con su creación.
A2.- Los textos sagrados no recogen detalles menores.
Cuando la Biblia no especifica y no da detalles, no es por error, sino en coherencia con el estilo narrativo que estos relatos utilizan. Porque las Escrituras no se han redactado bajo la inspiración de Dios para satisfacer nuestra curiosidad, sino para hacernos crecer y actuar en la voluntad de Dios. Por eso, no nos da detalles cobre cosas como a qué edad tuvo la Virgen a Jesús, o qué hizo éste en los primeros 30 años de su vida, etc.  
Los textos como Génesis 1-11 contienen la verdad sobre el proyecto de Dios hacia la creación y el hombre y sobre la Caída y sus consecuencias, y esta es la verdad que hay que buscar. La realidad es que la Biblia no da respuesta a esto, ¡porque ni siquiera se plantea el problema!

Lo que sí dice la Bíblia es que Adán y Eva tuvieron muchos hijos e hijas, aparte de Caín, Abel y Set. “Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas” (Génesis 5,4).

Hay dos formas principales de enfocar una posible respuesta: adoptando una interpretación literalista del relato del Génesis, o realizando un acercamiento más figurativo a la narración.
1.- Interpretación literal, no compatible con lo explicado anteriormente.
La primera opción implica sostener que Adán y Eva fueron creados por Dios como adultos directamente y de una forma que llamaríamos milagrosa, que sus hijos mantuvieron relaciones entre sí, y gracias a que vivían muchísimos años, y con la ayuda de Dios, pudieron poblar la tierra en un período relativamente corto. Esta posición se sitúa, en general, como contraria a la Teoría de la Evolución, y encuentra objeciones como el registro fósil. También hay quien, desde la interpretación literal, admite la Teoría de la Evolución afirmando que sólo los animales evolucionaron, pero el ser humano fue creado directamente por Dios, como relata el Génesis, y lo que parecen ser antepasados del hombre, sólo corresponderían a especies de primates que se extinguieron.
Aunque esta opción es admisible para un católico, no parece la más respaldada hoy en día. 
2.- Interpretación no literal.
El autor del Génesis (Moisés, según la tradición) no está preocupado de realizar una exposición científica o una crónica histórica de los orígenes de la humanidad, sino de mostrarnos la posición del hombre en el mundo, y cuál es el tipo de relación que Dios quiere que mantengamos con él. 
«El relato de la caída (Gn 3) utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre (cf. GS 13,1)», Catecismo de la Iglesia Católica, 390.
Así pues, el Génesis puede ser interpretado para admitir una secuencia de eventos que no entra en contradicción con lo que la ciencia nos muestra acerca de los orígenes de la especie humana.

Por ejemplo, cuando el autor sagrado escribe que “Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2,7) podemos ver un componente natural (polvo) y otro sobrenatural (aliento de vida) que conforman al hombre, y que el primero de ellos puede referirse a la creación del cuerpo humano mediante un lento proceso evolutivo, del cual habrían formado parte especies de primates similares al mono. En este esquema, es imperativo afirmar que el elemento espiritual de Adán y Eva fue creado directamente por Dios, ya sea al momento de la concepción o en una etapa posterior del desarrollo de ese individuo. A un homínido Dios le daría alma.

La biología evolutiva no tiene nada que objetar a esta posibilidad, porque su campo de estudio es el cuerpo del ser humano, y no puede decir desde cuándo existe la conciencia (o el lenguaje, o el arte, o la razón) o cómo llegó a crearse. La arqueología, en tanto, ha encontrado evidencias de manifestaciones culturales muy antiguas, como pinturas y rastros de ritos funerarios, pero más allá de eso, la ciencia ignora casi todo acerca de los primeros humanos que realmente pudieron llamarse tales.

Finalmente, respecto a la forma en que se pobló el mundo después de Adán y Eva, existen diversas posibilidades, como que los hijos de Adán y Eva se hayan apareado con seres similares a los humanos pero sin alma racional, o que hayan mantenido relaciones entre hermanos en un momento en el que, habiéndose instalado ya el pecado en el mundo, los seres humanos debían ser progresivamente iluminados por Dios para entender cómo han de conducirse sus hijos en esta vida. Otra hipótesis es que Dios dotara de alma a varias parejas de homínidos a la vez; el dogma del pecado original se puede mantener con la hipótesis de un primer grupo de varias parejas, aunque la narrativa bíblica hable de la Caída con una sola pareja. Sin embargo, el papa Pío XII parecía ver necesario que fuese una sóla pareja para mantener la doctrina del pecado original.

Fuentes: